Para M.
Para los que creemos en la magia de la vida, la magia del amor resume todas las cosas. Fuera de ese círculo mágico transcurren los días para los otros, que se debaten entre fuerzas ininteligibles y escaramuzas contra ellos mismos a las que se entregan en cuerpo y alma, a la persecución del desconocido Dorado.
Pero existe otra vida, y ésta vida transcurre líquida y entre cuatro paredes, en la más plena soledad de los cuerpos, allá donde los recuerdos de ayer y las vivencias de hoy nos invitan a vivir más y mejor, o se transforma en algo sólido, y se hace entonces poesía en esos libros que nos enseñan a sobrevivir a la vida.
Esto es el misterio y la impostura de la libertad.
Te prometí a ti, amiga mía, escribir algo sobre el amor, sólo porque a esas lágrimas tuyas, provocadas por el amor, les dieses un sentido.
Pero escribir sobre el amor es un caramelo ácido. Llevo meses y meses pensando en este tema y nada me sale. Hasta la fecha sólo comprendí que el amor orillea todos los continentes.
Hasta que ayer, por el azar y obra y gracia de unos ojos que ya no me miran, cayeron en mis manos sus viejas cartas.
El escribió una vez .. “aunque nunca te vuelva a ver, saber que existes, es para mí suficiente..”
Entonces, releyendo ya al amparo de los años pasados esas cartas perdidas, comprendí qué es el amor, milagro que a voces que se esconde en las canciones.
El amor es suficiente en sí mismo, la espuma de los días, más allá de los días, lo que no cesa nunca, ni para ni se encoje, lo que nunca pregunta ni calcula ni miente, lo que no puede esconderse de ninguna manera. Es el amor eterno, a pesar de nosotros.
Así que no llores y goza de tu gracia, de la lluvia naranja de tus días de lágrimas, porque esa lluvia de ahora es el rebelde mordisco que le das a la muerte, aunque nunca volvieras a ver en esta vida a ese que ahora amas, si en el último día te entregas como yo, vestida con sus besos.