miércoles, 2 de septiembre de 2015

No eres tú la dueña de tu nombre


Que me perdonan los poetas que lo son de verdad. Yo con el siguiente poema me he hecho un lío enorme.

Quería escribir, resumir, y sólo se puede resumir, a mi parecer, con una poesía. Quería explicar este clamor sordo, este dolor fijo que siento cuando pienso en la terrible condición que soportan  tantos y tantos millones de mujeres a día de hoy.

Pero resulta que  yo misma soy una mujer,  demasiado ocupada, por ser mujer precisamente, y por ocupar un lugar algo desfavorecido a la hora de tener tiempo para mi misma, y por eso, en lugar de explicar este sentimiento  en unas decenas, centenares de páginas, me decidí a explicarlo en tan sólo un poema.

Me dije: vamos a explicar qué es esto de ser mujer, existir como mujer, figurar en la creación como mujer. Aclaremos lo que somos, porque somos maravillosas y el fundamento de la vida, por eso nos temen, por eso nos aniquilan, nos desprecian, nos humillan y nos hieren. Sobre todas las cosas es el temor a la mujer, a su poder creador.

La idea estaba, pero el poema surgió por casualidad, pura vida. Un amigo que me escribía un wasap mientras yo intentaba hacer diez cosas a la vez; y siguió por casualidad, pura alegría, otro amigo, Tony García, que me dio un libro de Zimbardo, ante la pura evidencia de que yo desconocía la psicología del mal y sus fundamentos, maravillosamente explicados en ese libro: "El Efecto Lucifer". Más confirmación de lo mismo en este libro. La mujer como pagana de todo o casi todo, la mujer maltratada más allá.

Ayer terminé el libro que me pasó Tony, hoy terminé este poema, que como no se entiende, me he visto en la obligación de explicar aquí.



No eres tú la dueña de tu nombre, son  otros, que te llaman,  desde tiempos fugaces,
y te llaman, fugaces, como árboles dormidos,  y como chopos se rinden al paso de tu río.  

No eres tú la dueña de tu alma
es la tierra que hieres con tus pasos pequeños 
y esta tierra terrible no te ve  ni te alcanza,  
en este mundo bárbaro de molicie y barbarie, cuando el mundo tirita y  mueren
los poetas.

No eres tú la dueña de tus días,
es la  noche que tiembla cuando tu la abandonas.

No eres tú la dueña de la vida, de tu vida
pero  respira la vida en ti 
todas las primaveras.