Cuando hablamos de ACOSO ESCOLAR hay que hablar claro. No
valen esas excusas de que los menores son inocentes. A veces los menores,
adolescentes en conflicto o no, son crueles psicópatas que no tienen el menor
problema en torturar a sus compañeros o compañeras más débiles o simplemente
más sensibles, o más inteligentes o más guapos que ellos mismos.
Tomarse el acoso escolar a broma es aun más peligroso en los
jóvenes que en las mujeres, porque la alta impulsividad del adolescente víctima
le hace mucho más vulnerable a tomar determinaciones sin vuelta atrás. Para un joven es un tema principal el
sentirse admitido en el grupo, el acoso lo sitúa fuera, y esto es el mal mayor.
Es indignante que en pleno siglo XXI y con lo que sabemos de
psicología evolutiva, clínica y social, nadie se tome en serio la labor
educativa y preventiva que estamos en disposición de ofrecer los psicólogos
para estos casos.
El que todos y cada uno de los colegios no cuenten con un
psicólogo de plantilla que pueda educar y vigilar este tipo de conductas, para
que no ocurran, es una forma más de explicar la ignorancia y la
irresponsabilidad de los que gobiernan y deciden a qué se destinan los recursos
que los ciudadanos proveemos, pues al fin, se trata de nuestros dineros y
preferiríamos destinarlos más a lo imprescindible que a lo superfluo de
asesores, directores generales y coches oficiales.