Las ciudades nos miran con algún tipo de ojos. O son las
esquinas de sus calles que nos recorren. En este caso Berlín tiene una mirada
rosa que es mezcla del horror oscuro de los muertos, con los palacios y los
cuadros en honor al Káiser, (emperador), de finales del XIX, que algo anuncian.
Hay un museo con ciento cincuenta obras de Picasso frente al
palacio de la princesa Sophie Charlotte que lo cuentan todo, del siglo XX y de
Picasso.
El hombre Pablo recién llegado a París y la Historia posterior con su absurdo
transcurrir, del azul al negro, el
rostro bifronte del hombre y el genio, mientras en el aire rosa de Berlín
reposan las almas.
Nefertiti y su marido
Akenaton nos miran con su ojo único y su
cuello tan humano que se podría palpar la nuca. Ella es una diosa hecha carne, pero
el primer único Dios de la Historia es él, enredados ambos con los primeros retratos de mujer de Picasso, que son autorretratos.
Todos queremos ser dioses en Berlín. Pero el amor que nos
hace como dioses se ha quedado desgastado
y cúbico, desterrado de los candados
grabados y ocultos en un puentecillo
lejano que no sale en los mapas, junto a un lago donde juegan los cisnes, y
volvemos la cabeza.
Ningún candado de Berlín lleva nuestro nombre de dos dimensiones,
ninguna figura de arena es la nuestra si asistimos al espanto del fuego.
He soñado con sangre roja en Berlín, con los toros
ensangrentados a espada de Picasso, que son negros y que no vería hasta días después,
y he evitado cuidadosamente los memoriales excesivos, espectáculos de largas filas.
No merece la pena
explicar algunas cosas, si hay que explicarlas.
Magnífico comentario sobre Berlín y sus circunstancias...
ResponderEliminarCreo que te entendido, iba a decir "por desgracia", pero mejor diré "te he entendido la desgracia"...en tus comentarios solemnes y profundos.
Mientras la memoria no olvide lo que no debe, la voluntad podrá guiarnos hacia donde deberíamos recordar que debemos ir...
Buen finde, Blanca
Loli.
Gracias Loli, es cierto, la memoria no debe abandonarnos nunca.
Eliminar¿Y un viaje a Berlín de la Tertulia?
Soñar es gratis.
Berlin, Berlin, Berlín! lo repito y su memoria me persigue....
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