domingo, 18 de enero de 2015

PERSONAS Y PERSONAJES


PERSONAS Y PERSONAJES


 

Yo pensaba que los personajes eran de la novela y estaba equivocada. Lo comprendí el otro día mientras veía a un energúmeno de largas barbas clamar por Mahoma mientras detrás una multitud igualmente clamorosa atacaba una embajada.

Uno piensa inútilmente que el mundo está regido por seres pensantes, y se equivoca. La vida es una equivocación absoluta cuando se busca en ella el orden y la lógica. Se mata a un embajador en el nombre de Mahoma, igual que se ridiculiza a Mahoma en nombre de no se sabe qué, siendo que detrás de casi todos los qué, hay alguien que se llena los bolsillos.  Y es que los personajes no habitan sólo esos mundos hermosos y recatados y estrictamente seguros que son los libros. Los personajes no son sólo seres hiperbólicos de papel que transitan las novelas y nos enseñan a vivir sin salirse un ápice del libreto establecido y sin manchar de sangre verdadera a nadie.

Los personajes nos rodean en carne y hueso, pero no lo sabemos, y en la impunidad,  nos condenan a una vida peor. Bastante sería ya la vida con sus enfermedades y muertes inevitables. Pero ahí está el homo sapiens para llenar de estiércol todos los rincones de la tierra.

Me he referido a los que matan por Mahoma, pero también a los que ridiculizan a Mahoma,    a los homosexuales, a los chinos o al vecino de al lado, a todos esos que se creen en posesión estricta de la verdad, sin saber, sin sospechar siquiera, que son sólo personajes de una comedia, de un drama, de una tragedia casi siempre urdida por otros; millones de seres humanos son capaces de echarse a la calle pensando que son protagonistas, a matar o a robar al prójimo o a cometer mil felonías en el nombre de esa trama común que unas veces se llama religión, otras nación, otras justicia, o libertad incluso; ese tipo de agarraderas que hacen que muchos, demasiados seres humanos se sientan seguros, y un punto importantes, a costa de renunciar al  deber sagrado que reconocerían si de verdad fueran sapiens, y que es el deber de pensar.

 Qué difícil es encontrarse con seres libres que es lo mismo que seres pensantes que es lo mismo que personas. Quién pensando en pura lógica mataría a un hombre en Libia porque otro hombre diferente, a miles de kilómetros publicó una película o unas viñetas y quién en pura lógica, basaría su regocijo o su negocio en ridiculizar una religión y ofender a millones de seres humanos, ¿no somos todos del mismo barro y todos vamos a morir? ¿Quien en pura lógica mataría a otro ser humano y  por qué?

Pero todos estos argumentos racionales  son argumentos ridículos cuando todos esos seres que se sienten pensantes, actúan en realidad sin pensar, como rebaño o manada que siente amenazado el territorio y actúa por instinto.

Somos más animales de lo que nos gusta saber, en el sentido literal de la palabra. Pensamos que a nuestros países les mueve y conmueve la prima de riesgo, ¿pero no hemos inventado nosotros la prima de riesgo? No es verdad que tengamos un problema económico. Lo que tenemos es miedo. Es el miedo lo que mueve a Alemania, el temor a perder sus ahorros, que es el mismo miedo y la misma rabia que les llevó a mandar al Holocausto a los judíos. No hubo racionalidad alguna en la segunda guerra mundial, ni en la primera, ni en ninguna guerra, todo fue el miedo, miedo al hambre, al paro, a la inflación, a las deudas de guerra seguramente injustas impuestas por los vencedores de la guerra anterior, ¿les suena?

Nunca una guerra sirvió para nada, igual que ahora de nada servirá condenar a la pobreza, el hambre, la ruina y el suicidio a millones de ciudadanos aterrados a los que además se les envía el torticero mensaje de que algo hicieron mal, no vivieron como debían, gastaron en exceso, se dieron muchos lujos, soñaron que eran ricos. Una burla a la inteligencia, porque sin todo ese gasto hoy juzgado excesivo, ni los países ricos de Europa  se hubieran hecho tan  ricos, ni la economía española hubiera funcionado, cuando funcionaba y a nadie le importaba un higo la famosa prima. 

El miedo atenaza hoy a nuestros políticos que son los únicos culpables del desastre, si es que hay culpables verdaderos, y así, asustados y pequeñitos, y sin reconocer la culpa,  se van convirtiendo en personajes muy secundarios de una farsa con tintes de tragedia cuyo final no se vislumbra. No es la lógica la que se impone, no es la racionalidad, no es el pensar cómo salir de ésta, con o sin Europa, entre todos.

Es el mero temor y con el temor el campo abonado a la criminalización de algunos sectores de la población que aparecen como chivos expiatorios. La gente debería leer más, para saber más, y yo en estos momentos  propongo una novela titulada “Una princesa en Berlín”  de Arthur R. G. Solmssen. Leer y saber y conocer a los personajes que escribieron la historia pasada para no repetir la historia en el futuro que hoy es ya presente.

Ahora somos nosotros las cigarras del sur y los pigs. Antes eran los odiosos judíos copando la banca y la universidad.

¿Hemos hecho muchas cosas mal? Muchísimas, desde luego, y deberíamos entonar el mea culpa y rectificar los grandes fiascos que nunca debimos cometer ni tolerar, pero, ¿justifica eso una guerra económica indiscriminada?

Invitemos a nuestros políticos a convertirse en personas y no en personajes, a salirse del molde y del camino trazado, a pensar y a decir la verdad, a pedir perdón, por una vez, porque sinceramente, los ciudadanos no nos merecemos esto y no queremos ser personajes sino protagonistas de nuestra propia historia.

    

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