PERSONAS Y PERSONAJES
Yo pensaba que los personajes eran de la novela y estaba
equivocada. Lo comprendí el otro día mientras veía a un energúmeno de largas
barbas clamar por Mahoma mientras detrás una multitud igualmente clamorosa
atacaba una embajada.
Uno piensa inútilmente que el mundo está regido por seres
pensantes, y se equivoca. La vida es una equivocación absoluta cuando se busca
en ella el orden y la lógica. Se mata a un embajador en el nombre de Mahoma,
igual que se ridiculiza a Mahoma en nombre de no se sabe qué, siendo que detrás
de casi todos los qué, hay alguien que se llena los bolsillos. Y es que los personajes no habitan sólo esos
mundos hermosos y recatados y estrictamente seguros que son los libros. Los
personajes no son sólo seres hiperbólicos de papel que transitan las novelas y
nos enseñan a vivir sin salirse un ápice del libreto establecido y sin manchar
de sangre verdadera a nadie.
Los personajes nos rodean en carne y hueso, pero no lo
sabemos, y en la impunidad, nos condenan
a una vida peor. Bastante sería ya la vida con sus enfermedades y muertes
inevitables. Pero ahí está el homo sapiens para llenar de estiércol todos los
rincones de la tierra.
Me he referido a los que matan por Mahoma, pero también a
los que ridiculizan a Mahoma, a los homosexuales, a los chinos o al vecino
de al lado, a todos esos que se creen en posesión estricta de la verdad, sin
saber, sin sospechar siquiera, que son sólo personajes de una comedia, de un
drama, de una tragedia casi siempre urdida por otros; millones de seres humanos
son capaces de echarse a la calle pensando que son protagonistas, a matar o a
robar al prójimo o a cometer mil felonías en el nombre de esa trama común que
unas veces se llama religión, otras nación, otras justicia, o libertad incluso;
ese tipo de agarraderas que hacen que muchos, demasiados seres humanos se
sientan seguros, y un punto importantes, a costa de renunciar al deber sagrado que reconocerían si de verdad
fueran sapiens, y que es el deber de pensar.
Qué difícil es encontrarse
con seres libres que es lo mismo que seres pensantes que es lo mismo que
personas. Quién pensando en pura lógica mataría a un hombre en Libia porque
otro hombre diferente, a miles de kilómetros publicó una película o unas
viñetas y quién en pura lógica, basaría su regocijo o su negocio en ridiculizar
una religión y ofender a millones de seres humanos, ¿no somos todos del mismo
barro y todos vamos a morir? ¿Quien en pura lógica mataría a otro ser humano
y por qué?
Pero todos estos argumentos racionales son argumentos ridículos cuando todos esos
seres que se sienten pensantes, actúan en realidad sin pensar, como rebaño o
manada que siente amenazado el territorio y actúa por instinto.
Somos más animales de lo que nos gusta saber, en el sentido
literal de la palabra. Pensamos que a nuestros países les mueve y conmueve la
prima de riesgo, ¿pero no hemos inventado nosotros la prima de riesgo? No es
verdad que tengamos un problema económico. Lo que tenemos es miedo. Es el miedo
lo que mueve a Alemania, el temor a perder sus ahorros, que es el mismo miedo y
la misma rabia que les llevó a mandar al Holocausto a los judíos. No hubo
racionalidad alguna en la segunda guerra mundial, ni en la primera, ni en
ninguna guerra, todo fue el miedo, miedo al hambre, al paro, a la inflación, a
las deudas de guerra seguramente injustas impuestas por los vencedores de la
guerra anterior, ¿les suena?
Nunca una guerra sirvió para nada, igual que ahora de nada
servirá condenar a la pobreza, el hambre, la ruina y el suicidio a millones de
ciudadanos aterrados a los que además se les envía el torticero mensaje de que
algo hicieron mal, no vivieron como debían, gastaron en exceso, se dieron
muchos lujos, soñaron que eran ricos. Una burla a la inteligencia, porque sin
todo ese gasto hoy juzgado excesivo, ni los países ricos de Europa se hubieran hecho tan ricos, ni la economía española hubiera
funcionado, cuando funcionaba y a nadie le importaba un higo la famosa
prima.
El miedo atenaza hoy a nuestros políticos que son los únicos
culpables del desastre, si es que hay culpables verdaderos, y así, asustados y
pequeñitos, y sin reconocer la culpa, se
van convirtiendo en personajes muy secundarios de una farsa con tintes de
tragedia cuyo final no se vislumbra. No es la lógica la que se impone, no es la
racionalidad, no es el pensar cómo salir de ésta, con o sin Europa, entre
todos.
Es el mero temor y con el temor el campo abonado a la
criminalización de algunos sectores de la población que aparecen como chivos
expiatorios. La gente debería leer más, para saber más, y yo en estos
momentos propongo una novela titulada
“Una princesa en Berlín” de Arthur R. G. Solmssen. Leer y saber
y conocer a los personajes que escribieron la historia pasada para no repetir
la historia en el futuro que hoy es ya presente.
Ahora somos nosotros las cigarras del sur y los pigs. Antes
eran los odiosos judíos copando la banca y la universidad.
¿Hemos hecho muchas cosas mal? Muchísimas, desde luego, y
deberíamos entonar el mea culpa y rectificar los grandes fiascos que nunca
debimos cometer ni tolerar, pero, ¿justifica eso una guerra económica
indiscriminada?
Invitemos a nuestros políticos a convertirse en personas y
no en personajes, a salirse del molde y del camino trazado, a pensar y a decir
la verdad, a pedir perdón, por una vez, porque sinceramente, los ciudadanos no
nos merecemos esto y no queremos ser personajes sino protagonistas de nuestra
propia historia.
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