martes, 17 de febrero de 2015

LAS TRES FASES DE UNA RELACIÓN: SEDUCIR, CONQUISTAR, CONSERVAR



¿Cómo seducir? Esta es la cuestión. Seducir para llevar, convencer, arrastrar, vencer o quedarse.

La seducción conlleva una connotación sexual, o no, pero siempre diremos que nos sedujeron si al final del recuento de una historia estamos convencidos de haber sido la parte pasiva de una aventura donde la otra parte nos mostró una versión incompleta o engañosa de las cosas.

Diremos que nos sedujeron, a veces para disculparnos por lo hecho con una venda en los ojos que no entendemos siquiera como nos pusieron, y no nos faltará razón. La seducción siempre tiene una parte de engaño, ocultación, disfraz y juego; a veces la seducción es suave y nos lleva a la luna, pero otras, lo sabemos, es la antesala del infierno, si de pronto nos despertamos con un desconocido al lado.

Por eso la seducción es sólo la parte inicial de una relación, y todos queremos salir guapos en la primera cita, es legítimo. Lo que diferencia a una relación que pueda superar  la fase de la seducción se limita a la cantidad de engaño puesto en juego. Si lo que buscamos es una relación muy breve, la cantidad de engaño que se admite es muy alta, si pretendemos quedarnos, la cantidad de ocultación tiene que ser muy baja.

Una relación de una noche no exige ninguna versión realista del otro, ni siquiera exige una versión, todo lo contrario, aquí es beneficioso el engaño de la oscuridad, las luces, la droga o el alcohol, y al amparo de todos los artificios saber que elegimos la versión de las cosas que nos convenga en ese momento, ya que no permanecerá al día siguiente y no deberá ser contrastada a la luz del día.

Pero el que desea seducir para quedarse no puede engañar tanto, al menos no tanto que la seducción inicial pueda acabar con la conquista al día siguiente.

En la conquista siempre existe una connotación de lucha a campo abierto. Uno lucha para obtener un bien preciado; conquistador y conquistable lo saben. En la conquista es necesario vencer una serie de obstáculos, los materiales, como el tiempo y la distancia, y esos otros obstáculos invisibles que nos separan a los unos de los otros; hay que cruzar la frontera, derribar los muros, acceder a la intimidad de la otra persona y hacerlo esta vez a cielo abierto, de día, poniendo en juego nuestras armas, las que están a la vista y las ocultas, que antes o después, deberemos mostrar, en la fe de que la conquista merece la pena, aun cuando en la lucha por  conquistar no sepamos  del todo  qué se oculta tras el baluarte.

Y una vez hecha la conquista, la conquista mutua que al fin toda relación es: la amorosa o la amistosa, que tanto se le parece, y establecido un vínculo estable de intimidad, llega la fase de conservar.

A veces se da la conquista fugaz. Porque existen personas seductoras, las que ni siquiera se nos mostraron, y existen personas que habiéndonos conquistado, pasarán después de largo: era sólo el desafío de la conquista lo que les hacía vivir. Son personas enamoradas de su reflejo en los otros, necesitadas de tantas conquistas que emprenderán enseguida la siguiente aventura, condenadas a nunca tener suficientes reflejos positivos de los otros y destinadas por eso al  eterno vacío.

Sólo el que es enamorable, el que da un paso fuera de sí mismo hacia el otro busca  conservar, y a este grupo pertenecemos casi todos.

Es entonces cuando comienza la verdadera tarea. Seducidos y conquistados sí, ¿pero hasta cuándo?

El amor, por su propia esencia quiere ser eterno, y nosotros que queremos que lo sea. Y el amor es eterno porque una vez iniciado en nosotros permanecerá eterno en nuestra memoria; otra cosa diferente es que una relación basada en el amor, pueda serlo.

Conservar ya no es conquistar, no es luchar ni demostrar nada, conservar implica la voluntad de dos personas, este es el primer principio: ninguna relación se puede preservar sin la voluntad de las dos personas.

Una sola persona no puede llevar adelante una relación entre dos. Es un principio que por elemental deberían enseñarnos en el colegio, en la clase de educación sentimental, esa que no existe y que es tan necesaria para la vida. Intentar asumir una relación de dos personas una sola de ellas es el camino más seguro hacia la frustración y la ansiedad, porque todo escapa a nuestro control, hagamos lo que hagamos.

El segundo principio de la conservación es la aceptación del otro tal y como es, sin intentar cambiarlo ni acomodarlo a nuestras necesidades. Las personas no están en el mundo para satisfacernos, lo están para acompañarnos y enseñarnos, y lo están siempre, incluso si no lo deseamos, porque no estamos separados, sino relacionados los unos con los otros.

Conservar implica por lo tanto admitir, y admitir siempre supone tolerancia por esos aspectos del otro, esas diferencias que no siempre entendemos. Este segundo principio también rige para los dos miembros de una pareja. Si uno de los dos no lo cumple no se conservará la pareja, o lo hará a costa del sufrimiento y el equilibrio del que ama y por lo tanto, admite.

Quien mira despacio a otra persona casi siempre podrá encontrar aspectos que aprender, atributos que admirar. Casi cualquiera, hasta el más humilde, tiene, si sabemos escuchar, algo nuevo y sorprendente que enseñarnos cada día.

Esto es el amor: pura perseverancia en el amor, escucha atenta y observación pura, no exige acción porque no es seducción ni conquista, sino reflexión.

Dije antes que casi todos nosotros somos enamorables, ¿de verdad lo somos?       

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