A todos mis amigos y amigas, y en especial a Mª Ángeles y Alberto, que me ayudaron en la inspiración de este poema una noche en la barra de Bordiú 52.
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En las
profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un
verano invencible. |
No te declares
muerto, no lo hagas.
Me fundiré en la
espita del fuego de tu alma, seré la penitente que se queme contigo, yo escribiré
tu nombre de espinas y palabras.
No te declares
muerto, no lo hagas. Como un marino ciego me beberé tus manos y con lodo marino te cubriré la cara.
Acúname en los
siglos de tu pecho de niño, deja brotar
el agua de tu boca salada. Con tu rosa vencida me coseré la boca y vendrá el huracán de la risa y la ola.
No te declares
triste, no lo hagas, no arrugues mi pobreza, no mates mi batalla. El náufrago
que muere no puede conocerte, el sol que luce erguido no puede sospecharte,
sólo yo te conozco y en el silencio escucho.
No te declares
solo, no lo hagas, el candil de la luna
aún nos pertenece, aún es la primera vez que nos amamos, y luce en la distancia el faro de la dicha.
Ya no te vayas nunca, nunca digas no puedo,
nunca digas mañana, porque yo de tus dedos vi brotar la tinta, donde nace la vida.
Y si un día
cualquiera me bebiera tus ojos, y como un
terremoto se fuera la mañana, piensa que sigo aquí, como una llamarada.
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