miércoles, 25 de febrero de 2015

No te declares muerto

A todos mis amigos y amigas, y en especial a Mª Ángeles y Alberto, que me ayudaron en la inspiración de este poema una noche en la barra de Bordiú 52.


  En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible.

No te declares muerto, no lo hagas.  

Me fundiré en la espita del fuego de tu alma, seré la penitente que se queme contigo, yo escribiré  tu nombre  de   espinas y palabras.

No te declares muerto, no lo hagas.  Como un  marino ciego  me beberé tus manos  y con lodo  marino te cubriré la cara. 

Acúname en los siglos de tu pecho de niño, deja  brotar el agua de tu boca  salada.  Con tu rosa vencida me coseré la boca y  vendrá el huracán de la risa y la ola.

No te declares triste, no lo hagas, no arrugues mi pobreza, no mates mi batalla. El náufrago que muere no puede conocerte, el sol que luce erguido no puede sospecharte, sólo yo te conozco y en el silencio escucho.

No te declares solo, no lo hagas, el  candil de la luna aún nos pertenece, aún es la primera vez que nos amamos,   y  luce en la distancia el faro de la dicha.

 Ya no te vayas nunca, nunca digas no puedo, nunca digas mañana, porque yo  de tus dedos vi brotar la tinta,  donde nace la vida. 

 Y si un día cualquiera  me bebiera tus ojos, y como un terremoto se fuera la mañana, piensa que sigo aquí,  como una llamarada.

 

  

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