El bello durmiente.
Dicen que
aquellos que no tienen imaginación no pueden compadecerse, ¿cómo pueden hacerlo
si no pueden imaginar lo que ellos sentirían si fueran el otro? Yo estoy con ello, y aunque todos los caminos
lleven a Roma, yo por si acaso busco a un hombre compasivo, no para que me
compadezca, sólo para que se imagine lo que siento, y así pueda sentirse
conmigo.
Qué triste
debe ser la vida sin imaginación, pienso, qué de cartón y cristal los hechos y
las personas que transcurren y discurren
como un río, que fácil perder las esperanzas los sueños y la fe, si se tuvo, en
cualquier causa o en la gente que amamos, cuando la imaginación flaquea y la
intención de amar se puede quebrar con
un gesto, una palabra, una imagen, imposible imaginar la imagen del otro. Tiene
que ser un mundo precario, en constante cambio de constelación, ese mundo de
los que no imaginan.
Yo por si
acaso vigilo las estrellas desde mi ventana, por si mi bello compasivo llegara a
lomos de la noche para convertirse en un sueño imaginario. Vigilo para
saber y ser, para aprenderle y mirarle, y entender que sólo soy, como él, una
persona más, una más entre miles de millones de estrellas y constelaciones que
imaginan la vida, su vida, la vida de los otros. Tan infinitos, precarios y
pasajeros somos.
Y cuando
miro las estrellas ellas me miran a mí, con la emoción de saber que las miré
desde el otro hemisferio, y sólo el agua al caer por el sumidero notó la
traslocación de mi cuerpo. Los ojos que miraban eran los mismos. Tan fijos, tan
frágiles, tan iguales somos, como las estrellas.
Ahora vivo
en una encrucijada de caminos y pájaros
, y en mi calle, que es azul, ancha y corta, hay una heladería llamada “La
Romana”. En esta heladería hacen un helado de chocolate “fondant”, muy negro,
dulce, dicen que es especial para bellos encantados.
Desde el
balcón de mi nueva casa oteo el paisaje. No es un paisaje de árboles, pero yo
busco a mi bello, por si pasase distraído mi bello por la calle, no vaya a ser que pase de largo su pelo, y no vea
a mi bello y él se vaya a soñar para siempre que está solo, encadenado a la
orilla de un lago, encadenado y perdido por los caminos del mundo para siempre,
desde que duerme mi bello el sueño compasivo de los justos.
Un día
llegaré hasta su boca en mi blanco corcel, y cuando pruebe mi helado
“fondant”despertará de su sueño de siglos. No más sueños encantados, no más ni
flores ni lágrimas ni embrujos de dragones malvados , sólo el sueño de la vida
para imaginar, dos vidas más entre millones de estrellas, para soñar la vida.
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