Ante las próximas elecciones ayer asistí a un acto con
políticos de diversos partidos y no pude decir ni mu. Vinieron para debatir, teóricamente con nosotros, sus
iniciativas y propuestas ante el grupo profesional al que pertenezco. Estaban todos menos El PP y Podemos, que
excusaron su ausencia.
A uno se le hiela la sangre de saber que si habla pasará por
friki o antisistema o simplemente por kamikaze si opta por señalarse en un lugar y a una hora en que ni ellos
saben nada de nuestros problemas reales, o si lo saben y lo disimulan con
ansias, será porque les importa un pito.
No sé si causa más indignación el desconocimiento de los problemas de los
invitadores o el desinterés por conocer, ya que
llevaban antes del acto las preguntas que el organismo convocante les
hacía, por escrito.
Fueron dos horas enteras de retórica y burla a la
inteligencia de un grupo de trabajadores desfondados y desmoralizados, que
ganan lo mismo que en el año 2006 y cuyo objetivo en esta vida es la mera subsistencia.
Vapuleados por la administración que nos gobierna como a
siervos, ninguneados por ese sistema al que ninguno queremos criticar por no
ser tachados de antisistema, denigrados acaso, me pregunto también ¿por ser un
grupo mayoritariamente femenino?
Fue un doloroso espectáculo. Otra vez el retablo de las
maravillas cervantino, otra vez las mismas mentiras escuchadas ya desde hace
más de veinte años, y todos sin rechistar. ¿De verdad nunca nada va a cambiar
en este país? ¿De verdad es imposible decir simplemente la verdad?
Nadie dijo nada, nadie se atrevió a hacerlo, o si lo hizo
además les dio las gracias a los elegibles por su amabilidad de asistir al
vergonzoso acto, y yo, que ya he dicho por escrito lo que tenía que decir a
quien procede de entre esa administración que ni siquiera me ha contestado, me
callé.
Será entonces que tenemos lo que nos merecemos. Entonemos
todos un “bee” general, a coro, como los borregos, y sigamos por la senda de la
estulticia.
Parece que nos encanta que nos gobiernen ignorantes, vagos e indecentes a los que no plantamos cara, y
suerte además, si es no son corruptos. Gracias
Dios mío, gracias por pertenecer al grupo de los justos que callan, “bee”.
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