martes, 17 de marzo de 2015

Los políticos y otros animales


Ante las próximas elecciones ayer asistí a un acto con políticos de diversos partidos y no pude decir ni mu. Vinieron  para debatir, teóricamente con nosotros, sus iniciativas y propuestas ante el grupo profesional al que pertenezco.  Estaban todos menos El PP y Podemos, que excusaron su ausencia.

A uno se le hiela la sangre de saber que si habla pasará por friki o antisistema o simplemente por kamikaze si  opta por señalarse  en un lugar y a una hora en que ni ellos saben nada de nuestros problemas reales, o si lo saben y lo disimulan con ansias, será porque les importa un pito.

No sé si causa más indignación  el desconocimiento de los problemas de los invitadores o el desinterés por conocer, ya que  llevaban antes del acto las preguntas que el organismo convocante les hacía, por escrito.

Fueron dos horas enteras de retórica y burla a la inteligencia de un grupo de trabajadores desfondados y desmoralizados, que ganan lo mismo que en el año 2006 y cuyo objetivo en esta vida es la mera subsistencia.

Vapuleados por la administración que nos gobierna como a siervos, ninguneados por ese sistema al que ninguno queremos criticar por no ser tachados de antisistema, denigrados acaso, me pregunto también ¿por ser un grupo mayoritariamente femenino?

Fue un doloroso espectáculo. Otra vez el retablo de las maravillas cervantino, otra vez las mismas mentiras escuchadas ya desde hace más de veinte años, y todos sin rechistar. ¿De verdad nunca nada va a cambiar en este país? ¿De verdad es imposible decir simplemente la verdad?

Nadie dijo nada, nadie se atrevió a hacerlo, o si lo hizo además les dio las gracias a los elegibles por su amabilidad de asistir al vergonzoso acto, y yo, que ya he dicho por escrito lo que tenía que decir a quien procede de entre esa administración que ni siquiera me ha contestado, me callé.

Será entonces que tenemos lo que nos merecemos. Entonemos todos un “bee” general, a coro, como los borregos, y sigamos por la senda de la estulticia.

Parece que nos encanta que nos gobiernen  ignorantes, vagos  e indecentes a los que no plantamos cara, y suerte además, si es no son corruptos.  Gracias Dios mío, gracias por pertenecer al grupo de los justos que callan, “bee”.   

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