viernes, 13 de marzo de 2015

MALA GENTE QUE CAMINA


No sé dónde escuché esta frase, o quizá la vi escrita, que la memoria es mala consejera, y quizá se corresponda con el título de un poema, o alguien me la dijo al oído, quizá mi hermano.

 

Mala gente que camina, como una letanía me viene a la mente cuando camino con mi perro bajo el sol ceniciento de las nueve de la noche de este ya gastado Mayo.

 

Caminamos pocos por este barrio mío a estas horas, y entra un conocido político de los que han ganado el 22 de mayo, en su portal. Mala gente, sigo pensando, no por el político, pero todos caminamos con pasos parecidos y no se avistan malos a esta hora por la calle.

 

El mundo transcurre pacífico, como el mar que sueña, y sueña Madrid en sus terrazas, sigo pensando: mala gente que camina.

Mala gente que camina y niega con razonables palabras la existencia del mal. Malos por elección y opción, de ese tipo de gente a la que se le llena la boca para darnos a todos  lecciones de moral, la primera de las cuales, la más perversa, es que todo es relativo y todo vale, por tanto.

 

Gente capaz de justificar cualquier villanía, cualquier acto innoble en nombre de la palabra libertad, o de la palabra justicia, o cualquier otra palabra que suene bien, gente pacífica hasta que les pillas en un renuncio y entonces contemplas dentro de esos ojos todo el horror  del odio que atesoran en secreto. Gente que no ama.

 

Esa gente camina como todos, tiene rostro y manos, carnet de identidad,  trabajo, familia. Nada los diferencia a simple vista. Gente dispuesta a matar en el nombre de los más altos ideales, para por fin cumplir con su único ideal: sojuzgar a los otros.

 

Gente que necesita sentirse poderosa porque se sienten vacíos de todo don y todo lo envidian: la belleza, el amor, el dinero, la paz, la generosidad, la constancia...

 

Pobrecitos de nosotros cuando nos topamos a uno de estos topos en la vida. Ellos están ahí, acechantes, esperando a robarnos  la luz en medio de su propia noche para pretender después que no nos pidieron nada y nada nos deben por tanto.

 

Y siguen su camino entre la multitud, tranquilísimos, iluminados por nuestra luz,  mala gente que camina, hacia otros ya, hacia esa luz aún intacta  otros por desbrillar, porque ya nos desbrillaron y nada más pueden sacar del que ahora los mira alejarse con ojos de no reconocer a ese que se aleja sin decir adiós.

 

Se nutren los malos de carne humana, y como los zombies, son insaciables, mala gente que camina.

 

Están por todas partes: clérigos, gobernantes, compañeros de vida, amantes, hermanos, vecinos.

 

Cuidaros de ellos, cuidaros, cuando os quiten la luz y la alegría, cuando toda esperanza os sea arrebatada, cuando toda ilusión  sea aniquilada al instante por esa persona que os dice que os ama, que os quiere, que es vuestra amiga, huid.

 

No les habléis, no intentéis comprenderlos, ellos no entienden nada, no hablan vuestro idioma. Sus palabras no valen nada, son agujeros vacíos, adornos. Dejad marchar a los malos que caminan, están muertos en vida, y a los muertos hay que enterrarlos.

 

Y luego, con el tiempo, recobrad la luz que os robaron, perdonadlos, porque a lo mejor no saben lo que hacen, o seréis como ellos, zombies, más y más mala gente que camina en busca de la luz de los otros.

 

 

 

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